En este momento estás viendo Mirándonos en calle

Mirándonos en calle

Las mujeres en situación de calle sufren multiples violencias y discriminación. Porque ser mujer y vivir en la calle, es verse enfrentada a diario a los cánones de lo que se espera de una mujer. 

La sociedad capitalista espera de nosotras: delicadeza, armonía, cordialidad, sumisión, afectuosidad y, además, desear una familia “Normal”. Pero la vida en la calle tensiona esta imágen mostrando otra realidad de ser mujer. 

La violencia cruzó sus vidas desde edades tempranas, y se reproduce de generación en generación. Violencia que las hace salir muchas veces de sus grupos familiares, violencia física, psicológica, sexual, económica, que las lleva a buscar “libertad” de la opresión vivida al interior de su propia familia. 

La calle se vuelve un “lugar de protección” o un nuevo lugar de “empoderamiento” frente a la situación vivida, donde sus pares se transforman en su nuevo hogar y familia. 

A pesar de desear salir de este círculo tormentoso que vivieron a lo largo de toda su infancia y adolescencia, en la calle sin duda se encuentran con nuevas formas de violencia y dominación patriarcal, es decir, se trasladan las formas de violencias sufridas en el hogar a un nuevo escenario. Decidir vivir en calle (ojo! no necesariamente querer), es un proceso de sumo coraje. Decidir dejar atrás situaciones tormentosas y exponerse a otra realidad, quizás igual de violenta y desconocida, requiere valor. 

Por otra parte, quienes trabajamos en esta realidad, nos topamos con instituciones de poder, que no son capaces de proveer verdaderas herramientas para el cambio de vida, encontrándonos a diario con muros que dificultan su acceso a servicios o el ejercicio de sus derechos. Su relación con el Estado, muchas veces favorece la reproducción de sus mismas condiciones de vulnerabilidad y exclusión (nuevamente nos topamos con más violencia, la institucional).

Estas mujeres en calle son despojadas de sus hijos, exiliadas de sus familias y culpadas por la “decisión” que tomaron de permanecer en calle. Se les quiebra  emocional y psicológicamente. 

Se sienten juzgadas por sus historias de vida, sumamente estigmatizadas; no se sienten parte de la sociedad. Su vida, su pasado, su presente y su futuro ya están trazados por otros, generalmente hombres, quienes nunca las han visto cómo las mujeres sobrevivientes que son.

Tiara Saez, apoyo psicosocial
Programa Calle
ONG ENMARCHA

Deja una respuesta